viernes, 22 de agosto de 2008

MOABIT

No es fácil habituarse a una nueva ciudad. Menos cuando no se es turista, y sus calles serán en un mediano plazo ¨tus nuevas calles¨. No es fácil ver siempre cosas deiferentes a lo que uno conoce y tener sentimientos diversos por los lugares por los que se pasa.
Pero descubrí un lugar que me hace sentir más cerca de casa. En realidad lo descubrí un día que tenía que buscar la ruta más cercana para ir a mis clases en bicicleta y ahora paso a diario por ahí. El asunto es que cuando paso por ahí, siento una opresión, un escalofrío, pero también un alivio.
Sin embargo es un sentimiento que me generan pocos lugares en Berlin. Como me producía estos extraños y a la vez ya conocidos sentimientos, decidí un día llevarme un sandwich y hacer un picnic al lado. De esa manera mientras me comía el sandwich con pepinillos, podía observar mejor el lugar y comprender talvez un poco mejor la raiz de ese sentimiento. Creo que todavía no se cuál es ese sentimiento, pero la tarde que me comí el sanwchich con pepinillos, descubrí que había pasado un rato fenomenal.
Volví a repetir. Y otro día después de las clases me llevé otro sandwich, y un termo con café. Tomé algunas fotos, y hablé con el guarda. Hablar suena mucho para el poco alemán que puedo manejar, pero compartimos algunas palabras. Me dijo que era una cárcel. Porque en realidad no había ningún cartel que lo dijera. Me atemoricé un poco. En realidad el guarda era simpático y quería saber para que eran las fotos. Le dije que era turista que me interesaban las cárceles de europa y del mundo. Quedó un poco extrañado.
Yo también quedé un poco extrañada porque en realidad las cárceles nunca han sido mi afición. Aunque debo admitir que el Museo de los Niños, antigua penitenciaría, es un lugar que me genera, al recorrer las antiguas celdas, la misma opresión. Le tomé algunas fotos a los alambres navaja y a las rejas y las pegué en mi casa.
Cada vez que las veo, recuerdo cuando caminaba por algunas calles de San José y descubro que en realidad en San José cuando las veía no sentía nada especial, si bien cuando alguna noticia amarillista de que alguien se había destripado tratando de entrar a alguna propiedad privada o algún gatito perdía la cola o alguna extremidad, pensaba en lo terrible de la situación. Se llama cárcel de Moabit. No se si volveré a hacer picnic al lado de una cárcel, pero por ahí paso todos los días y me sigue generando los mismos escalofríos de cuando descubrí este lugar.
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