domingo, 22 de mayo de 2011

Wieder hier!!


 Aquí estoy de nuevo en Berlin. Volver a la propia tierra y volver a Berlin, es pasar como por un agujero negro, como el que atraviesa Jodie Foster en la película Contacto cuando en su viaje interestelar se encuentra en la playa de Pensacola y a su padre. Es volar contra el sentido de movimiento de la tierra, se vuela en contra de esa fuerza enorme que es el ritmo giratorio del globo terrestre en su baile milenario. Es viajar en contra de las manecillas del reloj, pues en teoría se viaja hacia el pasado(y de vuelta hacia el futuro), pues se viaja hacia 8 horas menos de diferencia horaria. Por otro lado se cambia de paralelos, de meridiano, se viaja al centro de la tierra donde el sol brilla todos los días, donde nunca se verá el sol de las 9 de la noche, pero si el sol de las 5 de la mañana.
Punta Uva, Limón.

El agujero negro es ese insoportable vuelo de 10 o más horas(pues se dura más cuando se viaja para allá, que cuando se retorna, pues el compás del movimiento giratorio ayuda al avión a volar con más facilidad), donde gente con historias diversas se mueven de un lado al otro del océano. Algunos de paseo, trabajo, otros vuelven a visitar familiares, otros su casa está del otro lado, aunque sus orígenes sean del viejo continente. No si no crean, no todo el movimiento es norte-sur, cuantos europeos conozco que se van a vivir, o ya viven en tierras americanas en busca de otro estilo de vida(Busca vidas, gente que huye de la ley, hippies, hippies yogis, inversorsionistas, gente de todo tipo, etc). Son miles los que viven y están instalados en nuestras playas y montañas. En pueblitos costeros como Puerto Viejo de Limón o Montezuma se puede escuchar hablar fácilmente más de 30 idiomas. 

 Atardecer, Santa Teresa, Puntarenas.

Para las comunidades favorecidas por la naturaleza en todo el continente americano es tan común tener a un vecino alemán, como a uno italiano o uno estadounidense. Mientras unos buscan salirse de las ciudades postindustriales europeas y gringas, otros deciden hacer el viaje contrario buscando las selvas, montañas y playas más recónditas. Unos se van, otros vienen. De hecho se dice que es mayor la cantidad de personas que se van de Alemania que los que llegan.
En todo caso, sea cual sea la dirección que hacemos los migrantes, si hay algo evidente, es que la experiencia de vivir en un contexto diferente nos hace crecer. Crecer de diferentes maneras. Conocer diferentes formas de organización, de ordenes, de culturas, de idiomas, de formas de vivir la vida, de enfrentar la cotidianeidad.
Parque Nacional Rincón de la Vieja, Guanacaste

Si bien esa vida paralela de la que ya hablaba Cortazar en Rayuela, que jalonea por ambos lados, es a veces dificil de vivir, hay que decir que el retorno a Berlin me trajo bastante tranquilidad. Tal vez simplemente porque a veces hay que tener claro, que se está en un lugar y no en dos. Y que si bien una visita puede ser abrumadoramente absorbente, y te hace pasar en un dos por tres a esa realidad olvidando casi por completo la anterior, te hace más fuerte saber que es una simple visita y que el billete de vuelta es solo una excusa para parar en seco el ensueño del viaje.
Hoy estoy en Berlin, en plena primavera, en una ciudad plagada de gente feliz de ver finalmente el sol y poder mostrar sus piernas y brazos(incluso sonríen), sin trabajo(aún así sonrío), buscando por cierto, pero con una carga positiva de saber que todo esto es una experiencia que vale la pena y que me está haciendo crecer...aunque sea unos centímetros...a lo alto o a lo ancho...no importa...
Está el reto continuo del idioma, está la posibilidad de vivir una metrópolis que atrae a miles de personas para vivir, o por turismo. Llena de personas desarraigadas, con historias parecidas o aún más locas que la propia. El aniversario n°3 en Berlin es una puerta para empezar a vivir la ciudad de otra manera, y esperemos que todo esté cargado de buenas vibras y sea todo siempre para mejor.(un poco ingenua no?) Estoy en mi etapa positiva. 
 Puerta de Brandemburgo, Berlin

Ese agujero negro que vivió Jodie Foster, es parecido a lo vivido. Por un lado ella nunca se movió de ahí(de la máquina que pretendía llevarla a otro planeta), pero por otro lado hay 18 horas de grabación, tan intensas como reales. Yo estoy como si no me hubiera movido de aquí, pero a la vez tengo un registro de un mes, que está grabado en mi piel(las picaduras de las purrujas), recuerdos y en los ojos.