miércoles, 1 de junio de 2011

Una tarde de lluvia primaveral

Ayer me pasé todo el día leyendo(la desgracia de estar sin trabajo :) ). Durante la mañana hacía bastante calor, tipo 30 o 32 grados, después por la tarde se vino un aguacero, con algunos rayos, que bajaron la temperatura entre 7 a 10 grados en el espacio de una a dos horas, bastante radical el cambio. En todo caso, ver las gotonas que se estrellaban contra la ventana, escuchar esa orquesta que con sus estallidos recubren la ciudad, me recordaron con gran nostalgia la época lluviosa de allá, cuando una cortina de lluvia cubre el espacio por horas, a veces por días, (cuando hay un temporal)y quedarse en la casa es un gran placer. Recuerdo dos cosas. Por un lado una amiga sueca que vivió 3 años en CR. Ella decía que a veces extrañaba el invierno, pero decía que en cierta forma la época lluviosa tropical es una especie de invierno, pues uno sale menos, la gente pasa más en la casa, o bajo techo, y no por nada en CR le llamamos invierno a la época lluviosa. Ahora me suena muy extraño pensar decirle invierno a la época lluviosa. Por otro lado el otro día un amigo me contaba, que un amigo suyo rumano o algo así había estado en CR y que este se había puesto a criticar CR en medio de puros ticos. Decía que no entendía como era que los ticos se pasaban extrañando el paraíso tropical si no paraba de llover, que lo único que habían eran bananos, y que la danza era como la de Bucarest de los años 70'. Los presentes un poco dolidos en su orgullillo se miraban entre si, y al final uno le dijo, de que te quejás tanto si lo único que tienen ustedes es a Drácula.
Enfin, es cierto que la lluvia la tenemos por varios meses y que es una presencia muy fuerte. Puede llover tan fuerte que en 10 segundos bajo un aguacero quedás mojado hasta lo más profundo de tus recuerdos. En todo caso, esa lluvia de ayer, esta lluvia primaveral berlinesa, con rayos y truenos, me recordó esas tardes, dedicadas a la lectura, o a alguna película, que generan ese recogimiento, ese estar más para adentro que es muy diferente al estar para adentro del invierno de aquí. También me recordó los nubarrones negros, el sonido que hace la lluvia al acercarse, pues pareciera que viene un ejercito, invadiendo poco a poco las calles y retumbando contra los techos, hasta que finalmente llega el agua al lugar donde uno está y es un escándalo, a veces cuesta escuchar la tele o algun disco que esté sonando tal es el estruendo. También recuerdo una tarde, callejeando y sin paraguas, y escuchar el ejército de gotonas que se avecinaban, y empezar a correr, y sentir la lluvia a nuestros pies, y así como lo oyen, la lluvia nos perseguía, estaba como a 5, 10 o 15 metros, y corríamos y no nos alcanzaba aún. La podíamos oir y oler, prensentíamos como arrazaba detrás de nosotros, implacable, veíamos como caían las gotazas y corríamos despavoridos, hasta que por fin llegamos a la casa de la amiga a la que ibamos a visitar, y a penas entramos a su casa, ametrallaron con todo sobre los techos de zinc, que hacen retumbar aún más el ataque.
Aún así, no es que haya un impedimento para salir, de hecho la gente sale igual, anda por las calles, se empapa los pies, y no es que se quejen, simplemente dicen - Que aguacero, o Aguacero cerrado o Que baldazo!. O simplemente la gente escampa un poco hasta que pare un poco de llover. Ocasión para un café, una cervecita, Las sombrillas y paraguas intentan proteger lo que pueden, pero en general, no hace frío, así que una vez que para de llover, y la humedad está al 80%, se puede salir sin ese horror que provoca el frío. Eso si, son de esas lluvias que arrasan con árboles y casas, que erosionan potreros y transforman el paisaje, haciendo los ríos más anchos, borrando casas del mapa, dejando puentes inservibles, que huequean las calles, que embotan las alcantarillas y que convierten las calles en ríos, que honguean la ropa y los zapatos en el armario y nada más. A los que odian la lluvia, no se los recomiendo en época lluviosa, si bien es un espectáculo de la naturaleza, la lluvia es realmente fuerte, los rayos y truenos son cotidianos, y hay que tener un buen paraguas y no vivir a la par de un río. Lo bueno es que las mañanas suelen ser soleadas, y que se pueden ver crecer las plantas de un día para otro.
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