domingo, 31 de agosto de 2014

Ser migrante es una aventura para valientes

Patos flotando


Ser migrante es una aventura. Una aventura para valientes, llena de peligros y también de muchas cosas buenas.

El otro día hablaba con una chica que tiene 3 años de estar aquí. Está luchándola y buscando su espacio en la ciudad y para sí misma. Podía sentir la angustia, el enramado de sensaciones, fragilidades y profundas vulnerabilidades que ella estaba viviendo. Podía verme en el espejo de muchas cosas que he vivido. Y en el fondo me aterraba verme en ese espejo y sin embargo era una imagen desfasada de mi misma y al mismo tiempo me sentía un poco lejana a su estado. Por otro lado esa fuerza e impaciencia de los recién llegados es el motor que les da el impulso para atravesar todo tipo de experiencias y forjar su propia impronta en la ciudad y en sus destinos.

Tengo poco más de 6 años de vivir en esta ciudad y creo que he sobrevivido a una experiencia para volverse demente. Conozco a muchas personas que llegaron para las mismas fechas que yo y que a su manera han logrado hacerse su espacio, su pequeña existencia ''satisfactoria'' después de haber luchado contra los más terribles demonios externos e internos, de haber logrado resistir a grandes tormentos. Suena a pesadilla, pero a veces creo que es un triunfo lograr sobrevivir sin llegar a volverse locos. Es de valientes, corajudos y perseverantes. También admiro a los que se volvieron a sus países, los que prefirieron no enfrentar esto hasta el final y que enfrentaron otras nuevas experiencias, ya renovados, en sus lugares de orígen.

Lo poco que ahora puedo decirle a personas que apenas llegan o a las que tienen algunos pocos años, y que viven en la zozobra, es que nada se acomoda ni se construye en meses, ni siquiera en años. Ni el idioma, ni lo laboral, ni la vida social, ni el éxito, ni el reconocimiento. Eso no lo sabíamos cuando llegamos y tal vez, de saberlo nos hubiéramos tomado las cosas con mayor filosofía o nos hubiéramos vuelto para nuestros lugares. Pero nadie experimenta en cabeza ajena. 

Patos levantando el vuelo

 La idea de que las cosas van a salir apenas llegando o en pocos años es una excepción que pueden tener algunos privilegiados y creo que son siempre una minoría que quiere demostrarle al mundo de que si se puede. Siempre los envidié. A esos y esas que nomás llegar tenían un buen trabajo, estabilidad, aprendían rápidamente el idioma y que amaban la ciudad y se sentían parte de ella. Los adaptados. Eran raros, pero los había. O a los que vinieron a estudiar en la universidad y aprendieron rápidamente el idioma, hicieron amistades, vivieron en wg´s y luego encontraron su rumbo laboral casi como cualquier otro alemán.

Después de muchos de tropezones y momentos de desesperación, hoy con 6 años, no creo que haya logrado mucho, pero he aprendido mucho de mi misma y he superado algunos obstáculos. Tengo un trabajo estable(no en mi campo), pero no le tengo que rendir cuentas a nadie de lo que hago o no hago, salvo al Finanzamt y no siento ya a esos demonios que tanto me perturbaron durante los primeros años. Tengo muchos amigos, amigas y conocidos con los que he cultivado una amistad y con los que nos hemos dado amparo y las conversaciones que en otras épocas se centraban en darnos apoyo mutuo han ido pasando a ser sobre otros temas. Conozco y comprendo mejor la ciudad y sus dinámicas y hasta puedo comunicarme o mantener conversaciones medianamente interesantes en alemán. Psicológiamente me siento fuerte y estable, si bien con altibajos relacionados a otro tipo de circunstancias. Tengo proyectos e ideas que hacen la vida mas emocionante.

El idioma quizás si tomará aún mucho mas tiempo y en ese sentido lo veo aún como un camino infinitamente abierto, al igual que las posibilidades que ofrece la ciudad y su inmenso mundo de personas, de actividades y oportunidades. Quizás la vida sea como la de un pescador, que en el mar inmenso sabe o intuye por donde pasan los cardúmenes para lanzar su red. Pero para eso necesita haber navegado mucho y haberse mareado en una que otra tormenta.
Pescadores caribe Puerto Viejo


 La estabilidad económica durará, pues hasta que me despidan o hasta cuando ya no soporte hacer algo que no me llena o que sienta que me mediocrizo elevado a la potencia y vuelva a la zozobra de que hacer con mi sustento, mis intereses o buscar otra cosa, enrumbarse hacia otras áreas, estudiar nuevamente, no lo sé. Cosa que ya siento que me está sucediendo y es otro tipo de zozobra.

Dos caminos, Paisaje Volcán Rincón de la Vieja

En pintura he logrado poco y mucho a la vez, en ese sentido quizás es donde quizás todavía toque seguir batallando. Es sobre todo una lucha contra el tiempo. Tiempo para hacer dinero, tiempo para hacer lo que a uno le gusta, tiempo para los amigos y amigas, esparcimiento. O tiempo para hacer lo que uno quiere y ausencia de dinero. En ese sentido  las circunstancias adversas lo pueden llegar a perder a uno, respecto a las intenciones que se traían al llegar. Pero de alguna manera se aprende a no perder del todo la luz del faro en medio de la tormenta, y a descubrir que a veces hay que tomar otros rumbos y caminos antes de llegar a lo que uno quiere y eso puede llegar a tomar, no unos meses, sino toda una vida y puede que nunca se llegue a donde uno quería, porque las metas cambiaron de camino. Tal vez también hay que darse cuenta de las prioridades de cada uno, aunque las prioridades pueden cambiar con las épocas. Pero al menos saber reconocerlas y aceptarlas como una necesidad básica y de vez en cuando darse palmadas en la espalda cuando se ha logrado superar un obstáculo.

Fotos: Daniele Vidoni y mías
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