sábado, 17 de septiembre de 2011

Bailando a las 3 de la mañana....


Conforme uno más escribe, más ganas le dan de escribir,  y creo que llevo o estoy empezando a llevar por dentro esa necesidad, esa observación de las cosas.. a veces hay momentos en que estoy viviendo cosas y ya me imagino un cuento, o una historia, o situaciones y desearía tener un papel y un lápiz para poder escribirla, o una compu, o un anotador mental, para no olvidar...


Por ejemplo la otra noche salí con una amiga a bailar, era la fiesta de un colectivo que ponen música latina, electrocumbia, y otro montón de cosas, que lo hacen bailar a uno bastante... Habíamos bailado ya unas dos horas, el sitio estaba en su mejor momento y la fiesta seguía. De un momento a otro, en medio de la gente que bailaba había un mae, que por como se vestía, el peinado, y la cara, parecía como de esos maes pintas, pachucos latinoamericanos, todo el cliché del mae "peligroso" o "trabajador" de barrio bajo. Bailaba solo(la mayoría estaban en grupos, o parejas), sonreía, bailaba y parecía sacarse la mierda por quien sabe que historias, pero nadie le daba pelota y a él parecía no importarle. Se le acercaba a alguna muchachilla, pero esta le daba la espalda y se encerraba en su grupo, él se daba la vuelta como un torero bailando y sonreía, bailaba, gozaba. Realmente brillaba. O brillaba para mi. Después lo vi en la zona de fumado, en un balcón postatómico que daba a una calle transitada por donde además pasa un metro por las alturas. Se sentó a la par mía, terminaba recién mi cigarro y a los segundos me fuí a bailar nuevamente. Pensaba, si ese mae es el prototipo de muchacho que me imagino, ¿que podía hacer ese mae aquí en Berlín?, del otro lado del océano...¿como habrá llegado?, ¿cuales habrán sido sus razones?...cada quién tiene sus razones, ¿cuales serán las suyas?...Bailabamos con mi amiga,  después lo vi que reapareció de nuevo por la pista, se movía entre la gente, entre los grupos, y la gente lo veía como de reojo, pensando, ya se nos vino la lacra más lacra de latinoamérica..será por curiosidad o deformación antropológica o por agluna razón que no me puedo explicar, pero siempre me atraen los rechazados, los marginados, los excluídos, los inadaptados. ¿Será porque yo también soy y he sido o he coqueteado un poco con todo eso? Me quedé como delirando mientras bailaba y lo observaba.Y, como muchas veces  la imaginación exagera y generaliza, es como si imaginando uno quisiera ir más allá de lo real, transplantar y conformarse con lo que uno quiere que sea, cuando generalmente lo real es más complejo que lo imaginario..oder?. Me quedé imaginando que tal vez, por alguna razón, ese muchacho había venido transportando droga en el estómago, o en la valija, y que tal vez estaba disfrutando simplemente de unos días y después se volvía a su país, o tal vez, pensaba quedarse definitivamente....no se sabe, a lo mejor le servía escaparse un rato de su país, de su barrio, por algún crimen, por algún acto del cuál decidió huir para despistar, o es un exiliado político y se encuentra en Berlin, bailando los ritmos que siempre ha escuchado, después de días de vagar y no entender nada de lo que se dice a su alrededor, de lo que pasa, de no tener a sus amigos, a su mamá o a su abuela que le cocina calientito todos los días, de escuchar llorar a su sobrino por las noches, de escuchar los ladridos de los perros del barrio, tal vez el canto de un gallo por la mañana, de extrañar ser alguien, de saber que en su barrio era líder, líder de una banda, que era respetado, considerado, casi venerado.  Bailaba. Tal vez tratando de olvidar. Tal vez recordando a su ex novia, la puta esa que se fué con su contrincante, puta esa que lo engañó, que lo traicionó, cuando él, si que la quería, que lo traicionó, y por eso él tuvo que escapar, y ahora estaba solo...sin embargo bailaba y sonreía, tal vez recordaba esas noches bailando cerquita de ella, agarrándole la cintura, y sentir su calorcito de hembra de fuego, de las noches que pasaron juntos en el cuarto de la casa de ella...a escondidillas, mientras se escuchaban los ronquidos de la mamá de su novia...al final ella lo jodió todo, lo engañó, y por eso está aquí, casi que como en exilio, tal vez más que expatriado exbarriado,  pero también de su país, pues la policía ha de estarlo buscando....¿Porque me mandaron a este país donde no conozco a nadie?, ¿porque no a los Estado Unidos?, donde al menos puedo decir hello, my name is roberto, and you? un país que además está más cerca y podría volver al menos en camión, caminando, sorteando ríos, o en bus, aquí no tengo opción...de volver?

Todo eso imaginaba, mientras lo veía bailar, y veía sus colochitos con plastigel moverse de arriba para abajo, y lo veía desahogar con fuerza todo eso que llevaba por dentro. Estaba fascinada, pensando en esa falsa historia, que mis prejuicios, mis valores hacen de ese hombre que baila ahí todo un escenario del dolor, del delito, de la fuga.

Poco después como atraído por todo lo que yo me imaginaba de él, se acercó a bailar conmigo, y yo, llena de curiosidad pura de saber cuál era su historia, su verdadera historia o quién era él realmente, o que podía él contarme que era él en medio de una noche de fiesta a las tres de la mañana. ¿Cuál mascara escogería para presentarse? le di pelota, y bailamos un rato, digamos, bailando lo que se dice bailar relajadamente con un extraño, sin pretender nada más...pero los hombres, y sobre todo los latinos pensaba yo, siempre ven esa señal de baile como un si para todo lo demás, y claro no había ningún hombre que estuviera haciendo escolta a mis espaldas, ningún hombre que en ese momento pudiera dar fe de su propiedad en términos de proxenia, porque soy de las que salen con sus amigas a divertirse, más que para buscar hombres, para bailar. La gente, sin exagerar, miraba un poco de reojo, diría que era una mirada un poco de sorpresa, de desaprobación, pero al fin y al cabo de unos microsegundos, de total desinterés.

Bailamos un rato, mi amiga lo saludó, y bailamos los tres, él sonreía, yo sonreía, mi amiga sonreía, para mi, pobre ingenua, no era nada más que compartir un sano baile para acercarme a mi víctima. En un momento empezó a sonar una pieza que forma parte del repertorio radiofónico y pachanguero de toda una generación, de esas canciones, que todo el mundo como mínimo se sabe el estribillo...¿y que pasó?, todo el mundo coreaba el estribillo, el diyei bajaba el volumen para escuchar a la gente gritar ese estribillo, repetido en miles de discotecas y salones de baile en latinoamerica: se la llevó..., se la llevó, se la llevó el tiburón el tiburón el tiburón, ..no pares sigue sigue...no pares sigue sigue. Para mi sorpresa.....para mi gran sorpresa, no, él no se sabía el estribillo, y nos miraba como extrañado, sonreía, bailaba, y hacía un gesto como de...no me se el estribillo, que carajos estarán diciendo!!!..repetía sin embargo, para no perder la onda, lo más fácil, sigue sigue...que se repite dos veces...En todo caso, ahi me quedé pensando que la victima de mis fantasías literarias y antropológicas, de mis prejucios y mi asquerosa perversidad clase media, que el personaje extraviado que venía construyendo desde hacía una rato, y lo tenía casi entre mis garras, no era el latino de barrios bajos que había venido en un avión trayendo droga escapado de la ley, añorando las tortillas de su mamá....no.

La historia, mi pretenciosa historia, se vino abajo, y nada, decidí salir a tomar un poco de aire al balcón, pues además hay que decir que ese bar tiene pésima ventilación y se acerca más a lo que yo conozco como un sauna. El chico vino detrás de mi, nos pedimos una cerveza y salimos. Él quería invitar, pero no acepté. Se acercaba el momento de aclarar todo, o al menos de acercarse a la faceta que él me quisiera dar de él en un bar calndestino a las tres y treinta de la mañana,, el momento en que iba a descubrir, al menos algunos aspectos que destruirían o afirmarían mis vanas teorías. El origen, el idioma, el porque está aquí. Típicas preguntas que se hacen en lugares donde confluyen gentes de todo el mundo.

No más sentarnos a hablar, ya me di cuenta que a duras penas balbuceaba el alemán, evidentemente no había siquiera realizado un curso introductorio de alemán, pues le costaba responder a las preguntas básicas que se aprenden en el primer curso. Ich heiße(Yo me llamo)....Ich komme aus.(Yo vengo o soy de..).Ich bin X Jahre(Tengo x años). Meine Muttersprache ist Spanisch.(Mi lengua materna es español) Con costos nos pudimos comunicar y a grandes rasgos enterarme que venía de Libia, que tenía dos años de vivir en Berlin, y que estaba trabajando. Todo eso en medio de esa simpatía y gran sonrisa que lo caracterizaba. Intentó juguetonamente pasarme el brazo encima de los hombros, casi como pidiendo permiso, y le dije solemnemente que soy una mujer casada. Me preguntó si mi marido estaba ahí, le dije que no.

Volvimos a la pista de baile, y él, confuso, se quedó como pensativo, no quería bailar, me preguntó si mi amiga tenía novio, y le dije que si, y después como paralizado me dijo algo así como ¿Que hago?¿ Me voy? Y yo le dije, como querás, levantando los hombros. Para él todo ese esfuerzo de cazador se había roto cuando le dije que estaba casada, cuando vió que no había futuro en esa inversión. Mi fantasía también se había roto, no podía imaginar el destino, o la vida de alguien, de un joven de 24 años que viene de Libia, y las posibilidades de que me contara su travesía estaban también truncadas, así que se despidió, y creo que desapareció del bar, pues no lo volví a ver en toda la noche. Me quedé un rato pensando en toda la historia, y seguimos bailando con mi amiga como pocas veces lo he hecho en Berlin, hasta las 6 de la mañana.
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