domingo, 29 de enero de 2012

Historias de bicicletas: Der Hase und die Schildkröte*

Mi vida en Berlin, ha sido un gran paseo en bicicleta. Desde que llegué a esta ciudad y vi las posibilidades de hacer uso de una bici, hizo que ya en las primeras semanas fuera a comprarme una. Mi primera bici, seguramente era robada. La compré por 30 euros en  un puente por Treptower park en las afueras de un mercado de pulgas, donde se reunen vendedores de bicicletas. Era violeta, bici de ciudad, con freno de pedal, sin cambios y muy ligera. Esa bici, me llevó por todo Berlin los primeros 3 años.
 Andar en bici en Berlin es una opción, es condición física asegurada, pero también es una manera de ahorrarse mucho dinero. Si uno no es estudiante o no tiene ningún tipo de rebaja mensual en los transportes públicos, un tiquete  mensual para usar todos los medios va desde aprox 52 a 73 euros. El de 52 solo se puede usar a partir de las 10am, el de 73 es abierto las 24 horas por el mes completo. Es decir, que si hacemos un promedio, 60 euros mensuales en un año son 720 euros y en 3 años son 2160 euros. Claro, algunos meses si he comprado el tiquete mensual. Así que digamos que en promedio me he ahorrado alrededor de unos 1000-1500 euros, incluyendo una que otra reparación, de la bicicleta que de vez en cuando hay que hacer.

Los primeros inviernos que fueron muy, muy duros, fueron los meses en los que de mala gana me compraba un tiquete mensual, desajustando mi  pobre economía. Luego mi pobre violetita, empezó a darme algunos problemas, y no era apta para paseos más largos, cuestas(si bien no hay muchas), si bien la llevé por campos y una que otra embarrialada. Sentí que necesitaba una bici con cambios y más fuerte. Como si esta presientiera que ya no la quería, (y aún así pensaba mantenerla como 2da opción, o para cuando vinieran amigos), a los días de conseguirme mi segunda bicicleta, me la robaron. Sentí pesar por la pérdida, por nuestros viajes juntas, pero ya tenía mi segunda bici.
Ésta, la verdad, también anda por lo colores violaceos, más bien fucsia oscuro atigrado. No es tan graciosa como mi violetita,(esta última vendría a ser como un Landrover, mientras que la violetita era tipo Hyunday) pero venía con garantía de compra en una tienda de segunda mano, papeles de identificación, pues corrían los rumores de que si te detenían, te pedían algún tipo de papel que identificara que la bici no era robada. Si bien en Berlin la cantidad de bicis sin papeles ha de ser enorme y las problabilidades de que te detenga un policía son bastante bajas, me sentía segura de andar con los papeles al día, cual automovilista que guarda en la guantera todos los papeles y permisos.
Esta segunda bici, también me ha llevado por muchos caminos, paseos y demás. Pero hace un tiempo para acá, vengo bastante insatisfecha con ella. Es pesada, dura, y voy a Schneckentempo(a paso de tortuga). Simplemente hay velocidades que no se pueden alcanzar y realizo más esfuerzo del necesario. Pero hay que ser agradecida, el invierno pasado se portó muy bien y resistió  incluso un mes de caminos nevados que me llevaban hasta el trabajo. Claro los recorridos eran de 10 a 15mn.
Este año, sin embargo, teniendo que recorrer aprox 25 a 30mn de ida y de vuelta, estoy bastante desesperada. Y es que me he dado cuenta de una cosa. Andar en bicicleta tiene toda su filosofía. Por ejemplo, si voy en mi bici, feliz de la vida, sin que ningún otro ciclista me pase, voy tranquila y siento que la velocidad está buena, que voy a buen paso. Pero cuando me empiezan a pasar los otros ciclistas me pongo malísima.  Es como si me diera cuenta de que tengo un portón andante. Ahí me doy cuenta, de que si tuviera una bici mejor, haría el mismo trayecto entre 5 a 10mn menos. Pues los otros ciclistas me reabasan, y en pocos segundos ya están cruzando el semáforo que está como a 200metros adelante, en un abrir y cerrar de ojos no hay más rastro de ellos, mientras que yo a los minutos apenas llego al semáforo que ya se está poniendo en rojo. Lo más loco, es que incluso a veces conducen unas bicis de ciudad(como la de la foto que ilustra este blog), que se tambalean o que parecen que se caen a pedazos, con cuerdas que sostienen partes, que suenan y chirrían, y aún así van rapidísmo. Eso es porque son  bicis livianísimas, como mi violetita.  Ahora, cuando veo un roquillo de 80 años de edad que va a su ritmo, sin pretensiones de ganarle tiempo al tiempo y aún así me sobrepasa, ahí otra vez se me sale la rabia y puteo, y digo cuanta palabrota hay, echándole toda la culpa a  la bici.  Evidentemente ellos no me escuchan porque ya van llegando al semáforo.
Es decir, solo cuando me comparo con los otros ciclistas, que digamos ponen una pauta de velocidad, me siento fatal. Cuando no hay ciclistas en la mira, ni pienso en eso y voy a mi ritmo y llego según los tiempos que tengo contemplados. 

Por otro lado tampoco tiene sentido compararse con los que yo llamo los "Piratas de las Ciclovías", que son los mensajeros. Los mensajeros aquí o al menos en su mayoría(que yo sepa), en vez de ir en motocicletas, van en bicicleta. Trasladarse en bicicleta en Berlin, es muchas veces más rápido que con los medios de transporte colectivos o en auto. Estos piratas, se visten con pantalones-mallas ajustadas de ciclistas, van con walkie-talkies, con sus bolsos de mensajeros impermeables, y suelen tener desde bicis de carreras hasta  bicis mixtas, que suelen ser muy rápidas. Se conocen todas las intersecciones, y muchas veces se pasan los semáforos en rojo. Son realmente veloces y se conocen la ciudad al dedillo. Así que ellos, que tienen unos piernones ya desarrollados por el pedal, no son la causa de mi frustración. La frustración, me la generan todos aquellos que, al igual que yo, usan su bici para desplazarse al trabajo o al estudio, y que en fracción de segundos están 100 o 200 metros adelante.
Entonces me acuerdo del papá de Mafalda, cuando se compró su carrito, lo feliz que estaba, y creo que había una escena en la que iba en la carretera y lo rebasaba un auto mucho mejor que el suyo y se enfurecía todo.
En mi caso, ya estoy pensando en cambiar mi bici (navego en internet y veo las grandes ofertas, y sueño andar a toda velocidad por las calles dejando atrás a los lentos), y entonces siento como toda esta situación me está empujando al consumo, a enjaranarme. Entonces me pregunto necesito “¿realmente?” una bici mejor, más rápida etc. Y  pienso en los que tienen autos, y que cambian de auto continuamente para no quedarse atrás, y en nuestra frenética busqueda de velocidad. Y por momentos me siento mal y me digo, pa que estresarse, si igual esta bici me lleva a donde yo quiera, lento como la tortuga, pero me lleva y siempre llego, y no me da muchos problemas. Me voy a meter a gastar en plata que puedo usar para otras cosas. Pero después, simplemente pienso que si me consigo otra,  igual puedo mantener la bici, para cuando vienen amigos o cuando la otra tiene algún problema, o simplemente revenderla, pues el mercado de segunda mano es aquí, algo muy común. Ganaría algunos minutos en la vida, y realizaría menos esfuerzo en cada viaje. Pero bueno, los seres humanos, creo que nos hemos caracterizado en la evolución por ir buscando la mejor manera de hacer las cosas, con el menor gasto de energía, si bien eso no se aplica en todos los casos. Seguramente seguiré el lineamiento de la evolución y del consumo, pero al menos me quedaré con la conciencia “mas tranquila” al saber que uno produce cero emisiones contaminantes durante el transporte, y que si bien se puede ir rápido, hay que mantener el espíritu de la tortuga, porque siempre habrá alguien o algo que irá más rápido que uno.
Fotos: Daniele Vidoni
Fotomontaje: Maluigi
* La Liebre y la Tortuga
Publicar un comentario